Un antiguo cuartel debe reconvertirse e integrarse
con naturalidad en la ciudad de Kempten. Algunos edificios del
anterior uso se mantienen formando parte del nuevo
barrio mediante una reconversión funcional y
una rehabilitación interna completando las nuevas viviendas y espacios
libres, algunos edificios de oficinas y un hotel.
La idea es crear
un barrio abierto, permeable y tranquilo, que invite
a disfrutar de la experiencia de vivir en comunidad.
La transición entre los jardines apacibles de
la Residenz y la Orangerie y las viviendas resulta natural
y sugerente con nuevos itinerarios peatonales integrados
en un área verde continua. Se segregan las zonas
estanciales de las de tráfico rodado y se intentan
evitar cortes que interrumpan esta transición.
De la lectura de la propia ciudad, se capta
la idea de la fragmentación de los volúmenes como una singularidad
de Kempten. Los nuevos bloques se distribuyen por el
terreno formando pequeñas
comunidades identificándose con diferentes colores y diferentes formas
de orientarse, agrupadas en torno
a jardines comunes abiertos, comunicados
entre sí, permitiendo el paseo tranquilo por el barrio.